meu livro aberto

Me dei este presente, um agora de páginas brancas, tardias, memoriosas. Uma caverna de idéias surgidas, agarradas com afã, com desdém ou ao acaso. Um arquivo de insígnias desenhadas com detalhes de vozes e cheiros irrecuperáveis no depois, no futuro. Um caderno suspenso, sempre aberto à riscos e lembranças.

Eram pessoas. Flagrantes instantes do ser e do estar com os outros. Eu e vocês: NósOutros.

Lugares distantes, recônditos, distintos. Um mapa rabiscado em paisagens, passagens, paragens. Todos em um sendo, no exato momento da sombra do corpo, este meu corpo insatisfeito, imperfeito e torto, de sóis imensos e luas funestas.

Palabras inscritas por dentro da pele, sob a língua, no furo dos olhos, colado à respiração ventricular do palpitante, ou nas sinapses do sutil, do ingênuo e perpetuo, da loucura, a fome, a insônia, o silêncio.

Dei-me este presente, esta janela na parede do tempo…

Punto 0

Apreté el botón del cronómetro. Punto cero. Zero. Comienzo. No hay pasado inventado, ni futuro prescrito. Sólo sabemos quién somos.

Quien soy.

Aprende arriesgando, jugando, jugándolo todo. Ponto zero. Cero sin cronómetro.

Hay cosas que salen bien. Sonrío.

Hace falta del EGO todo el tiempo. Somos eso. Soy. Pero al ego… ni un poco down, ni mucho high. To´ está bien… y las otras cosas, las que intento salgan bien, aturden, distraen, dar dolor o alegría pero no me eludo: sé bien – saiba você – tengo que comer y criar un hijo. Los hijos, nuestros.

Como leí hace unos días: “No existe persona que no esté trabando una batalla de vida o muerte.” Ese es el sentido: debajo de todas las máscaras, tras cada una de las verdades, la verdad misma y única: ES VIVIR. Cada gesto, sentimiento, gestión, sueño, ilusión: ES VIVIR.

Después viene el encuentro. Empezar de cero. Zerar.

Nadie, persona ninguna, tiene sus mapas dibujados en ningún papel, muro, estrella o almohada. Somos todos tan complejamente similares… y tan subjetivamente diferentes.

VIVIRSE es entonces jugárselo todo el tiempo todo. Sin el cronómetro, sin el tablero. Cero. Aprieto el botón, – saiba você – hay cosas que salen bien, y el resto, recomienzo.

Voy a comer. Tengo un hijo. Vivirme es el punto cero. Estoy en la pista…

Zero. 

PRESENTES

Este agosto me lo inventé excelente. EXCEDENTE. Por egoísmo de felicidad. Por hacerle un guiño a mi FUTURO. De sentir y vivir por vivir, por amar. Por AMOR.

En este intento – Meple ayúdame – todo lo que es, y existe, es por AMOR.

TODO ES AMOR. TUDO QUE É, AMOR É.

Incluso la rabia. El perdón. Los silencios. Las palabras. La poesía y la metáfora. Los encuentros. Cada instante. En la vigilia. En los ensueños. SOÑÁNDOTE.

Ahora que tanto, y tanto tiempo, me distancia de tantos seres, otras personas, seres queridos, amados. Dentro de esta soledad que cada uno de nosotros, TODOS, sentimos. Vivimos. Alargo este abrazo distante, certero, sincero.

TE ABRAZO.

NOS ABRAZAMOS.

QUE RICO ABRAZO.

QUE BELO, QUE INTENSO ABRAÇO. ESTE FUNDO, LONGO, LARGO, ABRAÇO QUE NOS DEMOS.

En este agosto me invento aniversarios. Mismos días de eternas despedidas. Mesmos dias de eternos encontros.

En esa extraña coincidencia que es la vida.

Nesse caminho sempre beirando, e respirando, que é a vida.

… TODOS, TODAS,

nosotros,

PRESENTES.  

A chuva, minha felicidade.

Dia longo, na chuva molhada ininterrupta deste inverno, que nasce no peito e morre no sono. Dia um só, feito de estilhaços, pequenos minutos, instantes infinitos da vida que vivo – e escrevo. Dia que vivo, e na noite é que escrevo do dia vivido.

O sinal macio do despertador, a fresta clara através da janela, a hora marcada, a longa preguiça que desce o bocejo feroz da manhã, no frio que espanto com meu próprio abraço.

A solidão dos sonhos relembra: a vida é uma só, sozinha, e o tempo contado na pulseira de um dEUs malcriado, pueril, instigante.

Sob o chuveiro quente, minhas mãos se esfumaçam, e o corpo retorna daquele outro corpo que em sonhos brincava.

Sou apenas um homem, este moço sem pés nem destinos, que de frente ao espelho me pergunto aquelas coisas que nunca me atrevo,

SILÊNCIO.

Meu filho que acorda, sorri. É a primeira palavra que escuto neste dia de inverno chuvoso. Sua terna alegria me lembra:  “a humanidade está próxima com suas queixas e deixas” e pelo ritmo marcado, pautado dos dias, é que o relógio ainda existe pulsando segundos.

Mas quem, alguma vês disse, que a felicidade se veste de eTernos? Felicidade meu filho, é o instante constante de se sentir vivo. Não é o chocolate que nos lembra do fim dos estigmas…  é o gesto da mão que oferece, ou aquela envoltura de enfeites rasgando o silêncio. Ninguém assegura que o sabor, aquele gostinho delicia, nos fará menos tristes.

Sob a chuva, eu vi hoje, milhares de homens e mulheres se renderem, ao opaco rosto de quem não percebe que a chuva, como o sol, como as árvores, como o rio e o mar, como as nuvens suaves que pendem dos céus, só tem um sentido, um único e divino sentido, de nos fazer, lembrados para não ser esquecidos: ESTAMOS VIVOS.

E ainda, eu que sob a chuva, de mão agarrada a mão do meu filho, sorriso agarrado ao sorriso no meu filho, lembrado e nunca esquecido: ESTOU, ESTAMOS VIVOS.

Do resto do dia, ainda com chuva, e frio, e vivo, me reservo o silêncio. É bom ficar quieto, filho.

Proyecto Patria II

Un plan es algo que va a salir bien. Nace en el centro del pecho y ahonda en la mente, crece en el esfuerzo y se hace real.

Nunca me salí bien con los planes, sobretodo en la parte donde debo esforzarme, meter los dedos dentro de la masa suave de infinitas posibilidades y amoldar o amoldarme según las necesidades y hacer que mi vida me suceda o me sucede.

De criança, a asma convenceu minha mãe que eu seria um filho frágil. Qualquer pretexto relacionado à saúde faz os pais, especialmente as mães, sentir um intenso apego pelo cuidado do crio. No meu caso, duas paradas respiratórias e comuns internações hospitalares justificavam ainda mais essa vigilância.

Eu cresci mimado, cuidado no mais estrito capricho e no luxo de um filho que tinha sobrevivido logo cedo – antes dos dois anos – a morte duas vezes. Tudo era, ou me parecia, estendia-se aos meus pés. Eu cresci folgado, essa é a verdade. 

Los buenos ejemplos de mamá.

Pero la vida en tiempo presente es mucho más real y ardua que cualquier malformación que nos parezca. Al final, ¿a quién si no a nosotros le exigiremos por nuestros caminos? ¿Quién si no, cada uno, se hará responsables por nuestros actos?

Cada palabra, decisión o acto mío en esta vida, me hizo ser, vivir este instante. Nada me puede apartar de este momento en el que escribo: el desvelo, toda esta proyección y memorias, esta verborragia mental emanando de mí y yo, despierto, decidí cambiar este escrito por el sueño.

Teve um momento na vida que aprendi – também porque alguém se dedicara a que eu visse – que tudo o que eu “realmente” sinto, peço e quero aparece diante de mim, feito real, real verdadeiro, possível e por mim, meu. Posso dizer oh: eu sou bruxo. Sentia, acreditava, queria, dizia ou pregava no centro do meu “intento”, desapegava, sonhava e aquilo acontecia. Podia ser um simples desejo. Um grande feito. Um milagre.

A vida então foi severa no que respeitava ao que eu realmente desejava e merecia. Teve de acertos e alegrias. Teve funestos desencontros e pesadelos. Teve e é, minha vida.

Sou um bruxo travesso e sem rumo como até hoje continuo sendo. Acostumado aos bons modos sempre é do bem o que sonho e preciso.

Meses atrás, en este mismo pedazo virtual que me agencio, me despelotando entre 2 lenguas, escribí sobre un plan, mi único plan. Clavé la bandera de mi más grande anhelo, lo único que me quita el sueño, lo que escojo para incomodarme, para trascenderme, para sofocarme. La bandera – fantástica imagen creada junto con mi otro yo, el Meple – se levanta para que yo pueda verla donde quiera que respiro, donde sea que soy, incluso donde me niego a mí, la veo.

Mis padres y yo, probablemente a los dos años.

Esa bandera es mi hijo, mi hijo Benjamín, caminando junto a mí, conmigo, por las mismas calles donde yo andaba, los parques sin rejas, floridos flamboyanes o secos con sus vainas, perros corriendo sueltos por barrios calurosos, gente que saluda o se esconde, carros antiguos, coloridos, viejos, casi latones andantes, y el tiempo ardiente, húmedo, rajando en su verticalidad todos los sentidos, mis escuelas, los amigos que no consiguieron largarse a los exilios, mis padres llorosos, crecidos, más viejos negándose como yo a todo olvido, a pesar del tiempo pasado en antiguos calendarios, sobrevivientes y más inmensamente felices; mi hermanita grande, mujer, madre, tía de eterna soledad de su sobrino y su hija, mi sobrina, y las playas, las historias, las fotos antiguas renovadas en un nuevo mirar de mi mirada con mi hijo, en la sorpresas de quien no me aguarda en una esquina, en las propias esquinas donde no encontraré con nadie, en la poesía clandestina de mi Habana, silenciosamente revolucionaria, ahora sí queriendo una nueva Revolución para su patria, en el mar azul, verdeazul, azulísimo de aquellas aguas, en el Muro solitario de tantas despedidas y silencios, los amores rebuscados que olvidé y no olvido porque el amor no necesita revisitarse a cada vida, basta vivirlo un instante y ser eterno en su morada, el pecho y en el ensueño, y enseñarle a él con nuestras palabras, estas que ahora escribo, que todo lo que tenemos para vivir será vivido siempre al pie de esa bandera alta, gallarda, que es la bandera de ser felices mientras nuestro Sol arda. 

La vida que vivo – y me escribo.

Casi un mes sin escribir es mucho tiempo. Tiempo vida. Resumir en palabras o escoger un detalle para detallarlo. El tiempo es mucho tiempo para escribirse con palabras.

Un día, hace un buen tiempo, descubrí como vivo mi vida. En dos tiempos, completamente diferentes e prácticamente imposibles de vivirse simultáneamente.

La vida se vive, uno.

Dos, la vida se escribe o se narra.

Piense. Despierto de un sueño donde apenas recuerdo qué era. Alrededor mi vida, mi cuarto  denota exactamente quién soy. De nada sirve cuestionarme o culparme por todo este reguero. Eso es la vida, vivida, de principio a fin. La vida de los actos y sus consecuencias, sin juicios ni valores, sin moralidad, sin éticas.

La vida que se escribe es diferente. Puedo mentirte, y tú, leyendo aquí nunca sabrás cuanto mentí. La vida que se escribe es aquella que parado ante el tiempo, el implacable, divagamos en historias del pasado o ansiosos deseos de futuros; ambos tan tontos, tan insignificantes, todos tan irreales.

La vida que se vive no tiene sentido, ni pausa, ni razón, ni cuerdas, ni relojes, ni ansías, ni fe. La vida vivida se para ante la mirada y se dibuja del color que la quiero ver. Una lluvia gris de comienzo de invierno – como hoy – pudiera ser el triste comienzo de un suicidio que no va a suceder. O, es la simple alegría de querer escribir.

La vida que llevo viviendo no tiene recuerdos, ni planes perfectos. Me despierto y siento en la carne la ausencia de alguien para contarle mi sueño. Un sueño sin pies ni cabeza y que no tiene ningún fundamento ulterior que el de haberme sucedido en sueños.

La vida que escribo es esta bitácora que pretendo olvidar un día perdida en el viento. Así como olvidé los rumbos que me trajeron hasta este momento. La vida que escribo se pierde en palabras que invento, sin intensión, sin remordimientos. Y me lleno de alegres sonrisas si alguien me dice, “te leo”, pero aquello nada cambia, y no me resurge otro nuevo texto, ni nuevas palabras de mi vida que intento y mucho menos de la vida que todo día reinvento.

De una hermosa mujer leí ante mi teoría sobre mi modo de vivir: “sólo escribe quien vive, sólo vive quien ama” y yo en silencio, respondo: “todos escriben, todos viven, todos aman y la suerte, es hacerse conscientes de eso”.

Mi vida – escrita o vivida – no le hace sentido a nadie más. Esa soledad que nos conduce hasta nuestro encuentro interior es lo que nos salva de no ser parecidos el uno con los otros. Esa inmensa soledad es lo humano, lo que nos distingue finalmente en el inevitable camino hacia la muerte. Por eso amar es urgente, para vivirnos, para escribirnos. Para existirnos.

La vida que escribo anda sin precios, como otrora escritores sobrevivían con poca comida y bebida demás, sobrevivo. Y parece que es definitivamente la única manera de escribirse mi vida. Acostado en colchones mirando el techo o la ventana, ropas largadas sobre muebles, zapatos y medias decorando paredes blancas.

La vida que vivo y escribo le faltan adjetivos porque la veo y la siento y la respiro. La agarro de la mano y la traigo conmigo, cerquita del pecho y del ombligo, la restriego en los pelos de mi pelvis y la amarro entre mis piernas para no dejarla escapar en un suspiro.

La vida ahora que de piernas cruzadas le invento contornos, verbos que la traduzcan del soplo del viento frío que me hiela los dedos, la lengua y el ronquido del hambre que me persigue.

Y en silencio – mientras escribo – vivo.

Entrenamiento continuo para la soledad

No voy a cumplir la sentencia del tiempo. Ni quedarme para atrás mirando fotos mías ajenas a mí. No seré como quien viendo el más bello de los pueblecitos no se atreve a bajarse del tren en la estación.

Ponerse viejo es prenderse a un momento, objetos o personas con miedo de la soledad. Es, por ejemplo, aceptar la compañía indisoluble de un “ni ya más” amor. Alguien que te abrazó y te quiso pero “ya no te quiero más”. Aferrarse al miedo de perder ese amor es decirle adiós a la naturaleza de la soledad. Se nace solo, solo se respira y solos es que vemos el mundo desde la ventana y los ojos.

He descubierto, para mí, que la soledad es un estado interior. No existe la soledad humana, así por decirse: estoy solo o me quedé solo. Siempre alguien vendrá a tocarte la puerta para fastidiarte o para festejar. Venham amigos, solidão é para se compartilhar.

Cuando uno conversa, digamos, en una rueda de los mejores amigos, puede estarse  en extrema soledad. El soliloquio continuo con la memoria de esa misma rueda de amigos unos años atrás, cada uno recordándose, inventándose ese momento anterior sin percibir el presente transcurriendo en ese instante, el cuánto cambió para bien o para empeorar, ese instinto de preservación – esa infamia- que nos hace creernos inmortales nos priva de vivir el presente.

Una vez especialmente, me fue más difícil adaptarme al presente. Yo había dejado mi país, una isla fluctuante a la deriva en mi memoria, mi familia, mis mejores amigos, mi idioma, mis trazos y gestos conocidos. Fui la crisálida cerrada y fea que aún no sabía que cercanamente mis alas coloridas irían abrirse para mi próximo vuelo. No abracé el amor presente de quien ya, abierta mariposa, volaba. Sufrí e hice a otros sufrir. Delante del más bello de los pueblecitos me arrodillé y no hice otra cosa que llorar.

Entonces vivir el presente es darle un abrazo continuo y amistoso a la soledad. Un abrazo de quien le dice no al tiempo, y se niega irreductiblemente, a morirse antes de verdaderamente morir.

Y la muerte, amigos, es finalmente el comienzo de la eterna soledad.

Do meu amor…

Do meu amor, rasguei – ontem – a camisa, as roupas velhas e sujas. Rasguei dele as máscaras e a cobertura, aquela película que o embrulhava como enfeite.

Rasguei-lhe o futuro, passados, faculdades, aposentadorias.

Tirei-lhe fome, ausências, saudades. Rasguei-lhe sonhos e pesadelos.

Tirei-lhe cobranças, pedidos, taxas, trocos convertidos em poupanças.

Ao meu amor, afastei-o de largas caminhadas, de desertos, de noites desveladas e da Sombra que da Luz o afastava.

Abri-lhe os olhos.

Beijei-lhe a alma.

O livrei de irmãos e dinastias. Libertei-o de pátrias.

Arranquei-lhe os cabelos, dentes, unhas e barbas. O abaixei do pódio. Neguei-lhe casamento. Não lhe compus músicas, serenatas, zero hinos de cavalgadas. Não conheceu heróis nem ídolos que o coroavam.

E na escuridão da noite, a Lua dúbia, e sem estrelas, eu despido e sem medo, o abracei sem nada, para ver se o meu amor me amava.

Vila Gomes, el barrio dentro de nosotros.

Hoy el apego se vistió de casa, de hogar, de moradia. Se armó de paredes, puertas y ventanas. Se llenó de historias de todo este año vividas junto a mi hijo en esta “covacha” que nos abriga. Me puse triste como quien pierde un amigo, como quien desde un barco se despide para siempre de su patria.

Vila Gomes – pronto – estaremos yendo y diciéndote adiós, ya marchito.VILA GOMES, EL BARRIO DENTRO DE NOSOTROS

Cuando se deja un lugar se abandona un pedazo de sí, algo tenue que no nos hace más falta, como despedirse de un campo de flores silvestres desde una ventana, o como entrar al mar después de un largo período sin entrar en él.

En una casa pintamos sombras perennes, historias colgadas con sudor en picaportes, manchas de amor en azulejos. Aquellos fantasmas que los próximos moradores irán desconfiar.

Descubrí que aquí vivía más cerca de mi infancia, de mi adolescente, de mi isla. Aquí vi mi hijo caminando en la calle, jugando en los parques, comiendo sentando en contenes como otrora yo lo hiciera allá, años atrás, en otro barrio. Saludamos papalotes en el cielo, conocimos perros por sus ladridos, palomas por su vuelo. Preguntamos el nombre de los choferes, de las amas de casa, de los vendedores.

Aquí fuimos felices, VG.

Benja & Yo

Para mi hijo, mi pequeño, falsas memorias, fotos impre sas en papel – y su retina, –  historias repetidas al azar por “su viejo” construirán su recuerdo de este lugarcito, este recanto, que hoy dejamos para atrás. 

Así, de esos pedazos deshechos, crecemos recordando lo que “fue” vivir. 

Otras paredes, nuevos pilares de otra cal y concreto. Outras janelas a nuevos campos de flores silvestres. Otros mares, serán lo que ES vivir.

PRESENTE!

The third tongue

Minientrada

In this black shinning room.
Me. My head heals.Mystics books over the floor
and the black cat
smells me trying to understand.

I have seen the black woman too many times
(today again).

Love it´s just this black word in this shinning paper
while the cat come over me
above this tears.

Books still there.

I´m not already
… here.