Otras mitades

Hoy escogí un libro de la repisa como quien escoge un día, o como quien vira en una esquina en dirección del mar. Delante de todos aquellos mestres, alargué la mano hacia Hilda, ella es de esas “mitades” que merodea mi mundo: Cesar Calvo, Las tres mitades de Ino Moxo y otros brujos de la Amazonía. Ese ejemplar me lo regaló de su propia mano en la casa en Regla, la ves que nos vimos en noviembre. Coincidimos en La Habana, de ese viaje, fue de mis grandes felicidades…

Leo de su letra la dedicatoria que hiciera sobre encomienda: “A mi hermano de la vida; una historia de viajes, visiones y memorias que nos siga encontrando en las tramas de lo cotidiano y en las de lo desconocido. Hilda”. Sonrío, y casi lloro.

Este día era marco de alguna cosa. Algo sin sentido aparente. Desconocido. Me sentí como quien escoge un libro de un maestro de una repisa. Como si el maestro fuera esa Hilda conocida, amiga de viajes, visiones y memorias, y esa mitad cotidiana, hoy distante, fuese el arpegio inicial de una bestial sinfonía. Algo simple, magnífico, que me cambiará la vida…

Entonces leo al final de lo que da inicio al comienzo del libro: “Y más que nada suenan los pasos de los animales que uno ha sido antes de humano, los pasos de las piedras y los vegetales y las cosas que cada humano ha sido. Y también lo que uno ha escuchado antes, todo eso suena en la noche de la selva. Dentro de uno mismo suena, en los recuerdos lo que uno ha escuchado a lo largo de la vida, bailes y pífanos y promesas y mentiras y miedos y confesiones y alaridos de guerra y gemidos de amor. Voces de agonizantes que uno ha sido o que uno ha escuchado solamente. Historias ciertas, historias de mañana. Porque todo lo que uno va escuchar, todo eso suena, anticipado, en medio de la noche de la selva, en la selva que suena en medio de la noche. La memoria es más, es mucho más, ¿lo sabes? La memoria verídica conserva también lo que está por venir. Y hasta lo que nunca llegará, eso también conserva. Imagínate. Nada más imagínate. ¿Quién va poder oírlo todo, dime tú? ¿Quién va poder oírlo de una vez, y creerlo?…

¡Gracias Niña!

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