Proyecto Patria II

Un plan es algo que va a salir bien. Nace en el centro del pecho y ahonda en la mente, crece en el esfuerzo y se hace real.

Nunca me salí bien con los planes, sobretodo en la parte donde debo esforzarme, meter los dedos dentro de la masa suave de infinitas posibilidades y amoldar o amoldarme según las necesidades y hacer que mi vida me suceda o me sucede.

De criança, a asma convenceu minha mãe que eu seria um filho frágil. Qualquer pretexto relacionado à saúde faz os pais, especialmente as mães, sentir um intenso apego pelo cuidado do crio. No meu caso, duas paradas respiratórias e comuns internações hospitalares justificavam ainda mais essa vigilância.

Eu cresci mimado, cuidado no mais estrito capricho e no luxo de um filho que tinha sobrevivido logo cedo – antes dos dois anos – a morte duas vezes. Tudo era, ou me parecia, estendia-se aos meus pés. Eu cresci folgado, essa é a verdade. 

Los buenos ejemplos de mamá.

Pero la vida en tiempo presente es mucho más real y ardua que cualquier malformación que nos parezca. Al final, ¿a quién si no a nosotros le exigiremos por nuestros caminos? ¿Quién si no, cada uno, se hará responsables por nuestros actos?

Cada palabra, decisión o acto mío en esta vida, me hizo ser, vivir este instante. Nada me puede apartar de este momento en el que escribo: el desvelo, toda esta proyección y memorias, esta verborragia mental emanando de mí y yo, despierto, decidí cambiar este escrito por el sueño.

Teve um momento na vida que aprendi – também porque alguém se dedicara a que eu visse – que tudo o que eu “realmente” sinto, peço e quero aparece diante de mim, feito real, real verdadeiro, possível e por mim, meu. Posso dizer oh: eu sou bruxo. Sentia, acreditava, queria, dizia ou pregava no centro do meu “intento”, desapegava, sonhava e aquilo acontecia. Podia ser um simples desejo. Um grande feito. Um milagre.

A vida então foi severa no que respeitava ao que eu realmente desejava e merecia. Teve de acertos e alegrias. Teve funestos desencontros e pesadelos. Teve e é, minha vida.

Sou um bruxo travesso e sem rumo como até hoje continuo sendo. Acostumado aos bons modos sempre é do bem o que sonho e preciso.

Meses atrás, en este mismo pedazo virtual que me agencio, me despelotando entre 2 lenguas, escribí sobre un plan, mi único plan. Clavé la bandera de mi más grande anhelo, lo único que me quita el sueño, lo que escojo para incomodarme, para trascenderme, para sofocarme. La bandera – fantástica imagen creada junto con mi otro yo, el Meple – se levanta para que yo pueda verla donde quiera que respiro, donde sea que soy, incluso donde me niego a mí, la veo.

Mis padres y yo, probablemente a los dos años.

Esa bandera es mi hijo, mi hijo Benjamín, caminando junto a mí, conmigo, por las mismas calles donde yo andaba, los parques sin rejas, floridos flamboyanes o secos con sus vainas, perros corriendo sueltos por barrios calurosos, gente que saluda o se esconde, carros antiguos, coloridos, viejos, casi latones andantes, y el tiempo ardiente, húmedo, rajando en su verticalidad todos los sentidos, mis escuelas, los amigos que no consiguieron largarse a los exilios, mis padres llorosos, crecidos, más viejos negándose como yo a todo olvido, a pesar del tiempo pasado en antiguos calendarios, sobrevivientes y más inmensamente felices; mi hermanita grande, mujer, madre, tía de eterna soledad de su sobrino y su hija, mi sobrina, y las playas, las historias, las fotos antiguas renovadas en un nuevo mirar de mi mirada con mi hijo, en la sorpresas de quien no me aguarda en una esquina, en las propias esquinas donde no encontraré con nadie, en la poesía clandestina de mi Habana, silenciosamente revolucionaria, ahora sí queriendo una nueva Revolución para su patria, en el mar azul, verdeazul, azulísimo de aquellas aguas, en el Muro solitario de tantas despedidas y silencios, los amores rebuscados que olvidé y no olvido porque el amor no necesita revisitarse a cada vida, basta vivirlo un instante y ser eterno en su morada, el pecho y en el ensueño, y enseñarle a él con nuestras palabras, estas que ahora escribo, que todo lo que tenemos para vivir será vivido siempre al pie de esa bandera alta, gallarda, que es la bandera de ser felices mientras nuestro Sol arda. 

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