Entrenamiento continuo para la soledad

No voy a cumplir la sentencia del tiempo. Ni quedarme para atrás mirando fotos mías ajenas a mí. No seré como quien viendo el más bello de los pueblecitos no se atreve a bajarse del tren en la estación.

Ponerse viejo es prenderse a un momento, objetos o personas con miedo de la soledad. Es, por ejemplo, aceptar la compañía indisoluble de un “ni ya más” amor. Alguien que te abrazó y te quiso pero “ya no te quiero más”. Aferrarse al miedo de perder ese amor es decirle adiós a la naturaleza de la soledad. Se nace solo, solo se respira y solos es que vemos el mundo desde la ventana y los ojos.

He descubierto, para mí, que la soledad es un estado interior. No existe la soledad humana, así por decirse: estoy solo o me quedé solo. Siempre alguien vendrá a tocarte la puerta para fastidiarte o para festejar. Venham amigos, solidão é para se compartilhar.

Cuando uno conversa, digamos, en una rueda de los mejores amigos, puede estarse  en extrema soledad. El soliloquio continuo con la memoria de esa misma rueda de amigos unos años atrás, cada uno recordándose, inventándose ese momento anterior sin percibir el presente transcurriendo en ese instante, el cuánto cambió para bien o para empeorar, ese instinto de preservación – esa infamia- que nos hace creernos inmortales nos priva de vivir el presente.

Una vez especialmente, me fue más difícil adaptarme al presente. Yo había dejado mi país, una isla fluctuante a la deriva en mi memoria, mi familia, mis mejores amigos, mi idioma, mis trazos y gestos conocidos. Fui la crisálida cerrada y fea que aún no sabía que cercanamente mis alas coloridas irían abrirse para mi próximo vuelo. No abracé el amor presente de quien ya, abierta mariposa, volaba. Sufrí e hice a otros sufrir. Delante del más bello de los pueblecitos me arrodillé y no hice otra cosa que llorar.

Entonces vivir el presente es darle un abrazo continuo y amistoso a la soledad. Un abrazo de quien le dice no al tiempo, y se niega irreductiblemente, a morirse antes de verdaderamente morir.

Y la muerte, amigos, es finalmente el comienzo de la eterna soledad.

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