Ausencia

Deixe-me ir /Preciso andar
Vou por aí a procurar /sorrir prá não chorar

Se alguém por mim perguntar / Diga que eu só vou voltar
Depois que me encontrar…

Debí presumir que el tiempo distante de ti, mi hijo, es completamente diferente. Elástico de metal que  me lanza del otro lado de la memoria. Donde ni debo, ni sé cómo retornar ileso.

El acaso-sensación de vivir todo en toda la posibilidad de mi tiempo en un solo tiempo. Tú siendo mi hijo, creciendo entre mi abrazo, aprendiendo a caminar, las primeras palabras. Tú siendo yo mismo – o yo mismo en ti – caminando a mi lado, conversando conmigo, aprendiendo algo juntos. Tú, serás mi padre – yo siendo hijo tuyo – haciéndome divertir, enseñándome cosas nuevas, y nuevas palabras, miradas.

Un nuevo amor.

Es el presente, pasado y futuro del amor. . La vida, a pesar de sus noches, es aquella cajita retumbante que palpita cerca de nuestros corazones: el lugar donde abrigamos felicidad y donde nos salvamos del odio.

En la espiral de Maromba – el ácido de la ayahuasca hervía mis sienes – dibujé mis días con colores de un solo matiz. Mucho de verde, algo de azul y lilas. Con una crayola roja clavé tu nombre, Benjamín, y la mirada, tus ojos, en mi memoria. Lloré de ojos cerrados sobre la mancha vermelha que yo dibujé en el centro de mi futuro, mi muerte. Allí, con toda fe y la suerte, iré a descansar con mi alma, en tu pecho, mi amor con tu amor, único, uno solo.

Todos estos días que estuviste por ahí, con tu outro bem, mamá, yo conseguí sobrevivir. Sin exagerar, invité a la tristeza a una tregua de paz.  Los días perdieron su contorno. Las horas se hicieron invierno. No pude llorar. Aquel respiro, tu aliento en mi rostro, cuando duermes me hizo entender desde el comienzo, cuánto eres tú fuera de mí, distante de mí otro yo. Un extranjero en pleno momento de descubrimiento.

Hace un par de días cuando aún no habías regresado de tu viaje, atravesé la ciudad con el metro. Iba a trabajar cerca de la estación República. En alguna de aquellas escaleras mecánicas perdí la noción de mí, algo que no recuerdo que fue me puso a pensar en esto y aquello, en lo otro, en ti, Benjamín. Pasé la catraca y salí a la superficie, en la estación errada, o no, en la correcta, como si fuera a buscarte a tu escuelita. Un pensamiento me trajo de vuelta – “No es día de buscar a Benjamín, ¿qué hago aquí?”. Pude burlarme de mí mismo, solitario, en silencio.

Te recordaba ausente y te quería demasiado. Rescaté una sonrisa, el futuro del tiempo que es el presente y ya fuera pasado. Era feliz de saberme vivo y que pronto, estarías junto a mí.

 

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2 pensamientos en “Ausencia

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