Corinthians, de mi corazón

El mundo es Albinegro!!! Nacido en Brasil, Corinthians es nuevamente campeón del mundo después de dos juegos bien disputados en Japón. La final contra otro grande, Chelsea, de Inglaterra.

Quien vive, o conoció Brasil, sabe que con fútbol aquí no se juega. El negocio es serio, serísimo. Por fútbol aquí se mata, por fútbol aquí se muere.

Soy corintiano ­de pequeneninho, pero en verdad soy corintiano desde el primer día que llegué aquí. Natalia abrió la puerta del apartamento y avanzó por el corredor. Yo, dejé la mochila en el piso, avancé dos pasos sin ser invitado. Ella apareció desde lo oscuro y encendió una luz, traía una bolsa de compras, un regalo de dice y yo contento le busco también uno, especial, que le traía – un disco de William Vivanco. Cuando abro veo el símbolo do Timão, ya había escuchado de ese equipo en Cuba, cuando fuera campeón del mundo en 2000, nada más. En Cuba sabíamos pocos de los equipos brasileros, tal vez sólo los nombres.

Era mi primera camisa. Camisa blanca, listas negras finas, el escudo en negro, rojo y letras balancas, un timón de barco – como así?- un ancla, dos remos. Sport Clube Corinthians Paulista. 1910, año de la fundación.

Yo comprendí lo que me sucedió, cuando uno cambia de país tiene que agarrarse rápido a algún símbolo, algo profundo y cierto, de manera que uno no se deje llevar por el viento de las nostalgias. En eso, estaba Corinthians, ese amor.

Ese año sería sin todavía saberlo el año más triste de Corinthians. Yo, ya aprendía de la pasión por ellos, sufrí el rebajamiento para la segunda división, aún sin toda la intensidad que aquel hecho merecía. Durante ese período fue que me volví corintiano.

Todos, excepto los corintianos aprovecharon para burlarse del Club que en Brasil tiene más seguidores – hecho contestado todavía con el Flamengo – y el club que es el más odiado de Brasil.

Comencé a ir al Pacaembu, estadio municipal que quedaba muy cerca de la casa donde vivía con Natalia. De las ventanas del área de servicio se podía ver todo el terreno, incluídos las dos porterías. Hubo días que con un radio y un monóculo me sentaba en la ventana a ver el juego en directo.

En el estadio la cosa era otra. Caliente, enervados, gritando los cerca de 40 mil personas gritaban y cantaban músicas de apoyo. Poco a poco, siguiendo las letras, equivocándome, cantaba junto con el resto.

En 2008, Ronaldo vino para el Timão, que es como le llaman al Corinthians. Y tuve la oportunidad de verlo jugar varias veces. Pero fue un momento especial, cuando en las semifinales del campeonato paulista, en el estadio rival de Morumbi, el “Gordo” arrancó solo en contraataque en dirección del gol. El porteiro vino en dirección de él, creyendo que le llegaría al balón antes de tiempo, sólo que el toque fue preciso antes de él sao-paulino llegar y Ronaldo tocó suavemente por arriba.

Después que el Timão regresó al Brasilerão serie A, nuevamente, la estrategia del equipo cambión. Vinieron casi sucesivamente, después del título de la Serie B, el Paulista del 2009, Copa de Brasil 2009 y un poco después el Brasileiro 2011. Ese último decidido en el último juego del campeonato, em un empate a cero con el Palmeiras.

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El resto me preguntan: – cómo que um cubano chega no Brasil e torce pelo Corinthians? Al principio me gustaba decir que los cubanos y corinthianos nos parecíamos, casi siempre de clases bajas – y ni tanto – luchadores, sufridores que nos gusta ganar más con la raza y la pasión que con las ventajas. Ya después de tanto lo mismo, ya luego les digo que no vengan con boberías: chora porco, chupa bambi, cala a boca sardinha. Quien me conoce de cerca, sabe que con Corinthians y conmigo no se juega. Me sé todos los chistes, me conozco un millón de historias, não venham com viadagem.

¡Corinthians es el equipo del Pueblo! ¡Es el Coringão!

Del Corinthians vinieron muchas alegrías, muchos amigos, muchas memorias.

Benjamín nació y él también es corintiano. Con pocos más de cuatro meses el tenía unas boticas con el distintivo del Timao, estábamos descansando en la yerba, yo lo hacía fotos mientras él se bajaba y besaba el escudo de remos, timón y anclas. Flash, el instante guardado. Meses después en las conmemoraciones del centenario hubo un concurso de fotos, y Benjamín y yo, nos hicimos con uno de los premios. El día que me llamaron para decírmelo fue de los más lindos días albinegros de estos tiempos.

Así aprendí de Natalia y de la familia de ella. Aprendí de Fredy, mi hermano corintiano. Aprendí de los días de juegos, miércoles y domingo, aprendí leyendo, viendo juegos antiguos, descubriendo sus ídolos, goles, y mejores momentos. Me divertí en cada fiesta de fin de campeonato, cantando el himno, las músicas, saltando y gritando até ficar rouco. Lloré las eliminaciones, las pérdidas, las malas contrataciones. Me reí de los adversarios, también amigos y de los enemigos. Evadí la policía en juegos. Compré entradas anticipadas. Fui debajo de lluvia o bajo un sol de más de 30 grados. Corrí para llegar a tiempo, falté al trabajo, pagué caro. Llevé a mi madre a ver un juego en el Pacaembú.

En 2010, todavía tuve la oportunidad de cruzarme con Sócrates. Era un evento sobre la Democracia Corinthiana, un proceso político que atravesó el país en la idealización del equipo corintiano de los años ochenta contra la dictadura militar brasileira. Sócrates, además de corintiano, fue el artífice de aquella época. Un hombre simple que cuando en aquel evento me presenté como el único corintiano cubano del lugar, me interrumpió y dijo “eu também sou cubano”. Yo sé que el defendía la supuesta izquierda cubana, pobre doctor, las cosas en mi isla habían cambiado, ni izquierdas, casi ni cubanos.  Me hice una foto con el hombre, era alguien realmente diferente.

Este año sin embargo fue el momento éxtasis. Corinthians después de mucho esfuerzo y muchos años tratando, conseguía la Copa Libertadores de manera invicta. Juego tras juego, equipo tras equipo y en la final Boca Juniors. La emoción no creo que quiera verterla en palabras. Fueron días felices esos días.

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Hace un par de días Corinthians ganaba del Chelsea e se tornaba nuevamente campeón del mundo en un juego digno de finales. Uno por cero, difícil de ganarse hasta el último minuto. El porteiro hizo milagros con los pies y las manos. Hubo más fiestas en Sao Paulo.

Yo no tuve elección, fue una decisión unilateral de mi destino. Entendí la felicidad y la tristeza de seguir fielmente algo que me es tan distante. Para quien es de otra tierra, un abrazo albinegro que me hizo mucho bien en largos días lejos de mi isla. Yo soy agradecido Corinthians. Yo nunca voy te abandonar. Siempre CORINTIANO.

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