Yusa, del comienzo a este instante.

Yusa, cuando vuelvas a São Paulo, la próxima vez, no te escapas. Te lo digo así con cariño, como si te conociera de antes. Una noche, una tarde caminando por las calles de São Paulo, dando muela, tomando un trago, unas cervezas, fumando umzin, mirar pa´quí pa´llá, meternos con las paulistas, formar un lío. Y claro, todo eso sin preverlo, solo caminar.

 Si coges la calle

Me vas a encontrar del otro lado.

Si cruzas la acera te espero, espero,

Desde mi esquina

Cuando vi a Yusa entrar al palco, imponente, naturalmente, yo me puse a reír. Reír es ese placer de ser por muchas veces feliz. Yo río mucho y Yusa también.

Ese 15 de noviembre, en el Auditorio Ibirapuera, Yusa cantaba nuevamente para mí. Y entró sola.

Ella y la guitarra.

Después de cantar la primera, sin esconder la emoción, desabafou alegría por estar en aquel lugar. El Auditorio Ibirapuera es un proyecto de Niemeyer y

es sin dudas un espectáculo en sí mismo. Yusa, presumo, debe haber reverenciado al maestro de la arquitectura brasilera en algún gesto, un piscar, alguna de sus palabras cantadas al viento.

Algunos años antes, 2008 me parece, te vi tocar en el Centro Cultural São Paulo, sentando en el piso te vi cantar, tocar, descontraída. Fue un bello concierto. ¿Será que te acuerdas de ese? Estabas sólo con una percusionista brasilera que se fajaba bien con los cueros.

Esta vez, después de un tiempo, fue rico escuchar canciones nuevas, otras de tus maestros en tu voz, alguna en portugués del gran Gil. Ese tipo es un monstro, quem sabe, sabe. En el disco todavía te tiraste por el medio con el viejo Silvio, ¡qué regalo! que interpretación… ufff.

Te perdono el montón de palabras

que has soplado en mi oído

desde que te conozco.

Y Yusa, en tu sutil guapería, avanzaste acorde a acorde sobre todo aquel personal, ochocientas personas ¿sabías? Aquella gente, ni yo, sabemos como es que permanecimos sentados en el conforto de aquel satín vermelho recién colocado. Yo, todavía desde la alfombra, en cuclillas, sentado a los pies de tu ser, as pernas ao redor de mim, descargando, descargándote, hasta que moví bastante la cintura. Y canté. Te canté en susurro respetándole a tu voz, su deseo de venirme a invadir.

Auditorio Ibirapuera

Y hubo un par de miradas, tuyas, aquellas sensibles que atraviesan toda la luz del escenario, toda la excitación de tu canción, tu nerviosismo de palco, la certeza de tu canción, y yo, ciertamente eludido, sirviente de ese placer de escuchar tus canciones, venidas de tantos antes, de aquel otro país, nuestra isla, de tantas otras historias cantadas con tu voz, de conciertos, en La Habana o en São Paulo, pero siempre tú.

Era el puente construido sobre la memoria, minha memoria de haber vivido, y sobrevivido a la desmemoria,  y de tú música haber acompañado, discreta, estos años de vida.

Será que ainda temos o que fazer na cidade

Em nossos corações já reside um quê de saudade

De saudade.

 

Yusa, de veras, muy agradecido. Nos vemos en la próxima, meu São Paulo clama.

  • Nota: Consta también en toda esta historia, un concierto tuyo en el Centro Cultural Pablo, en uno de mis viajes a Cuba ya después que vivía en Brasil.  Y todavía, aquella mañana gris y fría, en la Virada Cultural de Sao Paulo en 2011, ¿verdad? Benjamín, mi hijo, también estuvo esa vez.
  • As Letras por orden de aparición son de Yusa, Silvio Rodríguez y Gilberto Gil, todos ellos, GRANDES.
  • As fotos son sacadas del Google.

(+) Yusa    http://yusamusic.blogspot.com.br/   

                   http://www.myspace.com/yusaspace/music

 

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